Del sueño de internet a la hegemonía de las plataformas. Historia intelectual y económica de una promesa de emancipación convertida en poder corporativo.
Este artículo forma parte de una serie de tres dedicados a analizar las distintas visiones que enjuician tecnología. Los títulos de los otros son: El ya publicado, La controvertida tecnología y el aun por publicar; ¿Quién gobierna internet?
Carlos Pérez Llorens es el autor del primero y ayudado por la IA de los otros dos. Aunque es presidente de SeniorTic, las opiniones expresadas son personales y no representan necesariamente la posición de la asociación.
Y vamos con el post. Internet nació rodeada de una esperanza excepcional. No fue presentada únicamente como una nueva infraestructura de comunicaciones, sino como el comienzo de una civilización más libre, descentralizada y participativa. La red parecía capaz de reducir la influencia de los Estados, debilitar a los grandes intermediarios y permitir que cualquier persona pudiera crear, aprender y comunicarse en condiciones de mayor igualdad.
Treinta años después, aquella promesa no ha desaparecido por completo, pero convive con una realidad mucho menos luminosa. Una parte creciente de la vida digital se desarrolla dentro de plataformas privadas que controlan los datos, ordenan la visibilidad, establecen las condiciones de acceso y deciden qué puede hacerse en sus dominios. El poder no fue abolido por internet: cambió de forma y se concentró en nuevos actores.
Este artículo reconstruye esa transformación. Parte del utopismo de los pioneros del ciberespacio, recorre las primeras críticas al determinismo tecnológico y analiza las razones económicas que explican el triunfo de las grandes plataformas. El propósito no es sostener que la tecnología sea necesariamente liberadora o inevitablemente opresiva, sino mostrar que amplifica las instituciones, los mercados y las relaciones de poder en los que se integra.
Índice
1. EL NACIMIENTO DE LA COMPUTACIÓN Y EL COMIENZO DE UNA PROMESA
La computación moderna nació vinculada al cálculo científico, a las instituciones públicas y a las necesidades militares. La máquina analítica imaginada por Charles Babbage en el siglo XIX anticipó algunos de los principios fundamentales de los ordenadores modernos. Posteriormente, Colossus, desarrollada durante la Segunda Guerra Mundial para descifrar comunicaciones, y el ENIAC, presentado en 1946 y con un peso aproximado de treinta toneladas, demostraron las posibilidades del cálculo electrónico.
Durante décadas, los ordenadores fueron grandes máquinas institucionales reservadas a gobiernos, universidades y grandes compañías. La aparición del ordenador personal, especialmente a partir de los años ochenta y de la expansión de empresas como IBM y Microsoft, transformó radicalmente esta situación. La informática salió de los centros de investigación y comenzó a entrar en las oficinas, las empresas y los hogares.
Paralelamente, ARPANET y los protocolos abiertos que dieron origen a internet permitieron conectar ordenadores distantes. La nueva arquitectura no dependía de un único centro de control. La red podía seguir funcionando, aunque alguna de sus partes quedara inutilizada. Esa descentralización técnica alimentó una interpretación política: si internet no tenía un centro material, tal vez tampoco necesitara un soberano.
Así nació el sueño del ciberespacio como territorio libre de fronteras, gobiernos y jerarquías tradicionales. La información circularía sin impedimentos y las personas podrían organizarse voluntariamente en comunidades. Se esperaba que la comunicación digital redujera las diferencias económicas, culturales y políticas y aproximara a la humanidad a una conversación verdaderamente universal.
2. JOHN PERRY BARLOW Y LA INDEPENDENCIA DEL CIBERESPACIO
Esta visión alcanzó una de sus expresiones más conocidas el 8 de febrero de 1996. Desde Davos, John Perry Barlow, fundador de la Electronic Frontier Foundation, publicó su célebre Declaración de Independencia del Ciberespacio (Barlow, 1996).
El texto respondió a la Ley de Telecomunicaciones aprobada ese mismo año en Estados Unidos y, particularmente, a la Ley de Decencia en las Comunicaciones, que pretendía regular determinados contenidos en internet. Barlow se dirigió solemnemente a los gobiernos del mundo industrial, a los que describió como «gigantes cansados de carne y acero», y les negó toda soberanía sobre el «nuevo hogar de la Mente».
Para Barlow, el ciberespacio estaba formado por relaciones, ideas y transacciones inmateriales. Las categorías jurídicas construidas alrededor de la propiedad física, las fronteras y la coerción territorial no podían aplicarse sin más a aquel mundo. Internet desarrollaría su propio contrato social y un orden espontáneo basado en la cooperación y en la «Regla de Oro». La nueva civilización digital podría ser más justa porque en ella perderían importancia la raza, la riqueza, el poder militar y otros condicionantes del mundo material.
La declaración se convirtió en uno de los grandes manifiestos libertarios de la cultura digital. Sin embargo, su principal debilidad era considerar internet como un espacio independiente de la realidad física. La red necesita cables, satélites, centros de datos, servidores, operadores de telecomunicaciones y energía eléctrica. Todos estos elementos se encuentran en territorios concretos, pertenecen a alguien y están sometidos a alguna jurisdicción.
El ciberespacio nunca estuvo completamente separado del mundo. Detrás de cada comunicación aparentemente inmaterial existía una infraestructura física y una estructura de propiedad. La descentralización podía dificultar el control, pero no eliminarlo.
3. LA IDEOLOGÍA CALIFORNIANA: DE LA CONTRACULTURA AL HIPERCAPITALISMO
¿Cómo pudo aquella utopía libertaria convertirse en fundamento del actual capitalismo tecnológico? Richard Barbrook y Andy Cameron ofrecieron una explicación influyente mediante el concepto de «ideología californiana» (Barbrook y Cameron, 1996).
Según estos autores, en Silicon Valley se produjo una peculiar fusión entre dos tradiciones aparentemente opuestas. Por un lado, la contracultura de San Francisco, el espíritu bohemio y antiinstitucional de la Nueva Izquierda y los movimientos comunitarios de las décadas de 1960 y 1970. Por otro, el individualismo empresarial, la desregulación y la confianza en el mercado promovidos por la Nueva Derecha.
Los ideales de emancipación personal se mezclaron con el culto al emprendedor tecnológico. El resultado fue una ideología que presentaba el mercado digital como si fuera también un ágora democrática. Se suponía que toda reducción del poder estatal aumentaría necesariamente la libertad individual y que toda innovación empresarial contribuiría de manera automática al progreso social.
En esta concepción influyó Marshall McLuhan y su idea de la «aldea global» (McLuhan, 1962). Las comunicaciones electrónicas parecían conducir a un mundo crecientemente interconectado y participativo. La tecnología haría posible una comunidad global en la que los individuos podrían producir información, relacionarse directamente y liberarse de intermediarios.
Barbrook y Cameron advirtieron que aquel determinismo ocultaba importantes contradicciones. La nueva economía digital no flotaba en un espacio inmaterial. Dependía de infraestructuras públicas, inversiones militares, mano de obra, cadenas mundiales de suministro y grandes desigualdades económicas. Buena parte de las tecnologías que hicieron posible Silicon Valley había surgido gracias a la financiación del Gobierno estadounidense y, en particular, del sector de defensa.
La promesa de que los ordenadores liberarían a los seres humanos se transformó progresivamente en una justificación moral de la desregulación. La retórica de la emancipación permitió que una nueva élite tecnológica presentara sus intereses empresariales como si coincidieran con el destino general de la humanidad. El poder no desapareció: cambió de manos.
4. LA CATEDRAL, EL BAZAR Y LA APROPIACIÓN CORPORATIVA DEL CÓDIGO ABIERTO
Otra gran esperanza de los primeros tiempos de internet fue que las comunidades abiertas terminarían desplazando a las organizaciones jerárquicas. Eric S. Raymond expuso esta visión en La catedral y el bazar, presentado inicialmente en 1997 y publicado posteriormente como ensayo y libro (Raymond, 1999).
La «catedral» representaba el modelo tradicional de desarrollo de software: cerrado, centralizado, formal y controlado por una organización. El «bazar» simbolizaba el desarrollo abierto y colaborativo de GNU/Linux, en el que numerosos programadores contribuían y el código podía ser revisado por toda la comunidad.
Richard Stallman fue más allá del argumento de la eficiencia. Para él, el software libre constituía un imperativo moral. Los usuarios debían tener libertad para ejecutar, estudiar, modificar y compartir los programas. El código cerrado no era únicamente un modelo comercial, sino también una forma de subordinación (Stallman, 2002).
La historia siguió, no obstante, un camino más complejo. Las grandes empresas no fueron derrotadas por el código abierto: aprendieron a incorporarlo a sus negocios. IBM, Apple, Microsoft y otras compañías descubrieron que podían utilizar software desarrollado comunitariamente para reducir costes y construir, sobre esa base abierta, servicios propietarios y muy rentables.
El bazar no destruyó la catedral; en muchos casos, la catedral se apropió del bazar. Buena parte de la infraestructura de internet funciona gracias a tecnologías abiertas, pero numerosos servicios construidos sobre ella —redes sociales, buscadores, tiendas digitales o sistemas de computación en la nube— están controlados por corporaciones privadas. El código puede ser abierto en las capas inferiores mientras el poder económico permanece cerrado en las superiores.

5. LOS PRIMEROS CRÍTICOS DE LA RENDICIÓN TECNOLÓGICA
Mientras el optimismo dominaba las conferencias empresariales y buena parte de las políticas públicas occidentales, otros pensadores advertían sobre las consecuencias humanas de la mecanización. No se trataba necesariamente de un rechazo reaccionario de la tecnología. En muchos casos, las críticas procedían de personas que conocían profundamente los ordenadores y defendían la dignidad humana frente a la lógica de la automatización.
6. JOSEPH WEIZENBAUM Y LOS LÍMITES DE LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL
En 1976, Joseph Weizenbaum, profesor del Instituto Tecnológico de Massachusetts y pionero de la inteligencia artificial, publicó Computer Power and Human Reason (Weizenbaum, 1976). Años antes había creado ELIZA, un programa capaz de imitar la conversación de un psicoterapeuta mediante la reformulación de las frases introducidas por el usuario.
Weizenbaum quedó sorprendido al comprobar que muchas personas atribuían a ELIZA comprensión, sensibilidad y empatía. Incluso algunos profesionales consideraron la posibilidad de emplearla terapéuticamente. Sin embargo, el programa no entendía el significado de las palabras: reconocía estructuras y reorganizaba frases.
La experiencia lo llevó a advertir sobre un peligro que conserva plena actualidad. Cuando una máquina imita convincentemente determinadas conductas humanas, tendemos a atribuirle capacidades que no posee. Al hacerlo, corremos el riesgo de reducir nuestra propia concepción del ser humano a aquello que la máquina puede reproducir.
Su argumento principal era moral. Existen decisiones relacionadas con el cuidado, la compasión, la responsabilidad y el juicio humano que no deberían delegarse a una máquina, aunque técnicamente fuera posible hacerlo. La capacidad de calcular no equivale a comprender y la simulación de una respuesta no implica experiencia moral.
7. NEIL POSTMAN Y EL TECNOPOLIO
Neil Postman retomó esta preocupación en Technopoly: The Surrender of Culture to Technology (Postman, 1992). El «tecnopolio» aparece cuando una sociedad deja de considerar la tecnología como herramienta y comienza a someter a ella sus valores, instituciones y finalidades.
Postman recurrió al relato platónico del rey Thamus y el dios Theuth. Theuth presentó la escritura como un invento que aumentaría la memoria y la sabiduría. Thamus respondió que produciría también el efecto contrario: las personas confiarían en signos externos, debilitarían su memoria y adquirirían solamente la apariencia de la sabiduría.
La enseñanza es que ninguna tecnología tiene un único efecto. Cada innovación ofrece posibilidades y, al mismo tiempo, introduce pérdidas. Toda tecnología es una carga y una bendición, aunque sus beneficios y perjuicios no se distribuyan de manera igualitaria.
Postman criticaba a los «tecnófilos tuertos», capaces de contemplar las ventajas de una innovación, pero incapaces de reconocer sus costes culturales. En una sociedad dominada por la información, la acumulación indiscriminada de datos no conduce necesariamente a la sabiduría. Cuando el conocimiento se separa de una finalidad humana, la información aumenta el ruido y puede sustituir el juicio por la mera disponibilidad de datos.
8. EVGENY MOROZOV Y LA REFUTACIÓN DEL DETERMINISMO DEMOCRÁTICO
Evgeny Morozov cuestionó otra de las grandes promesas de internet: la idea de que las redes sociales provocarían inevitablemente la democratización del mundo. En The Net Delusion analizó el entusiasmo occidental surgido después de la Revolución Verde iraní de 2009 y durante los comienzos de la Primavera Árabe (Morozov, 2011).
Muchos políticos y comentaristas atribuyeron a Twitter y Facebook un poder casi revolucionario. Parecía que bastaría con proporcionar acceso a internet para que los ciudadanos pudieran derrocar a los regímenes autoritarios.
Morozov denominó «internet-centrismo» a esta forma de interpretar la política a partir de las herramientas digitales, olvidando la historia, la cultura, las instituciones y las relaciones de poder. Los gobiernos autoritarios no eran víctimas pasivas de las redes sociales. Aprendieron a emplearlas para identificar disidentes, infiltrar organizaciones, difundir propaganda, manipular conversaciones y ampliar la vigilancia estatal.
Internet puede ayudar a organizar una protesta, pero también permite elaborar un mapa de quienes participan en ella. Puede difundir información prohibida, pero facilita asimismo la desinformación masiva y el acoso coordinado. La misma infraestructura que conecta a los ciudadanos puede fortalecer al Estado que los persigue.
Morozov propuso, por ello, un «ciberrealismo». La tecnología no democratiza ni oprime por sí sola. Se inserta en contextos políticos concretos y amplifica las capacidades de quienes disponen de más recursos para utilizarla.
9. JARON LANIER Y EL TOTALITARISMO CIBERNÉTICO
Desde el propio corazón de Silicon Valley, Jaron Lanier formuló una crítica igualmente severa. En You Are Not a Gadget advirtió sobre un «totalitarismo cibernético» basado en la llamada «mente colmena» y en la despersonalización de los individuos (Lanier, 2010).
Las plataformas sociales no se limitan a representar a las personas: las obligan a adaptarse a las categorías de sus bases de datos. La complejidad de una personalidad queda reducida a casillas, preferencias y opciones predeterminadas. El diseño informático comienza así a imponer una determinada concepción de lo humano.
En lugar de adaptar las máquinas a las personas, terminamos adaptando las personas a las máquinas. La autoría individual se fragmenta, las contribuciones se disuelven en un flujo colectivo y el anonimato favorece, en ocasiones, la formación de turbas digitales. Lanier utilizó la controvertida expresión «maoísmo digital» para describir un colectivismo despersonalizado que atribuye sabiduría automática a la multitud y minimiza el valor de la voz individual.
En Who Owns the Future?, Lanier amplió esta crítica al terreno económico. La cultura de la información gratuita afirmó, ha debilitado profesiones creativas y convertido a millones de personas en trabajadores no remunerados. Los usuarios suministran fotografías, textos, opiniones, relaciones y datos que enriquecen a los «señores de la nube», mientras ellos se convierten en «siervos digitales» (Lanier, 2013).
Como alternativa, propuso sistemas de micropagos que permitieran conservar la propiedad económica del valor generado por la información personal. La propuesta puede ser discutible en su aplicación, pero plantea una pregunta esencial: ¿quién debe beneficiarse de los datos producidos por la vida de una persona?
10. POR QUÉ TRIUNFARON LAS PLATAFORMAS
La crítica a las grandes tecnológicas no debe ocultar las razones económicas de su éxito. Empresas como Google, Amazon, Meta o Apple no alcanzaron su posición únicamente mediante prácticas abusivas. Sus plataformas resolvieron problemas reales y redujeron de manera extraordinaria los costes de transacción.
Ronald Coase y Oliver Williamson estudiaron los costes asociados a buscar información, negociar, coordinar actividades y garantizar el cumplimiento de acuerdos (Coase, 1937; Williamson, 1975). Las plataformas reducen muchos de esos costes al poner en contacto a compradores y vendedores, creadores y audiencias, anunciantes y consumidores.
También se benefician de los efectos de red. Una red social adquiere mayor utilidad cuantos más usuarios participan en ella. Si nuestros familiares, amigos y compañeros están en una plataforma, también nosotros tendremos motivos para utilizarla. Este es un efecto de red directo.
Existen efectos indirectos o cruzados. Una gran cantidad de compradores atrae a vendedores; una gran cantidad de usuarios atrae a desarrolladores; una audiencia numerosa atrae a anunciantes. Cada grupo refuerza la presencia de los demás.
A ello se suman las economías de escala. Una vez creada la infraestructura digital, incorporar un usuario adicional puede tener un coste marginal muy reducido. Esta combinación favorece una dinámica en la que «el ganador se lo lleva todo». La empresa que obtiene una ventaja inicial puede crecer aceleradamente hasta dificultar la entrada de competidores.
Las plataformas proporcionan beneficios indudables. Facilitan la comparación de productos, el acceso a contenidos educativos y culturales, la financiación colectiva y la búsqueda de oportunidades. Para numerosas pequeñas y medianas empresas representan una puerta de entrada a mercados globales antes reservados a grandes compañías. Un estudio de Oxera encontró que los usuarios valoraban especialmente la comodidad, la variedad y la transparencia proporcionadas por las plataformas (Oxera, 2015).
En la banca y en los servicios financieros, la entrada de las grandes tecnológicas puede estimular la modernización, mejorar las aplicaciones y ampliar la inclusión financiera. Sin embargo, la Financial Conduct Authority británica también ha advertido que las asimetrías de datos y la rápida expansión de las Big Tech pueden originar riesgos para la competencia (FCA, 2023).
La cuestión no es negar las ventajas, sino preguntarse qué sucede cuando una infraestructura eficiente se convierte también en una institución privada con poder para establecer las reglas del mercado, controlar los datos y condicionar el comportamiento de sus usuarios.

11. SHOSHANA ZUBOFF Y EL CAPITALISMO DE VIGILANCIA
Shoshana Zuboff ha denominado «capitalismo de vigilancia» al modelo económico surgido de la explotación sistemática de la experiencia humana (Zuboff, 2019).
Según Zuboff, el capitalismo industrial se apropió de la naturaleza y del trabajo para incorporarlos al mercado. El capitalismo de vigilancia realiza una nueva forma de acumulación: reclama la experiencia privada de las personas como materia prima gratuita.
En los primeros buscadores, los datos generados por los usuarios servían principalmente para mejorar el servicio. Las consultas, los clics y los errores proporcionaban información útil para perfeccionar los resultados. Sin embargo, Google y, posteriormente, Facebook descubrieron que esos datos revelaban mucho más de lo necesario para prestar el servicio.
Las búsquedas, desplazamientos, relaciones y hábitos contienen señales que permiten inferir intereses, emociones, vulnerabilidades y posibles comportamientos futuros. Zuboff denomina «excedente conductual» a la información que sobrepasa lo necesario para mejorar la plataforma y que se captura con finalidad comercial.
Este excedente se procesa mediante inteligencia artificial para producir predicciones sobre el comportamiento humano. Tales predicciones se venden en lo que Zuboff llama «mercados de futuros conductuales». Los anunciantes no compran únicamente espacio publicitario: adquieren probabilidades de que determinadas personas actúen de una determinada manera.
La arquitectura de la vigilancia no se limita a observar. Su objetivo final es aumentar la certeza de las predicciones y puede intentar modificar la conducta. Recomendaciones, notificaciones, recompensas y diseños persuasivos orientan silenciosamente las decisiones del usuario.
Zuboff denomina «Gran Otro» a este poder computacional asimétrico que conoce a los individuos mientras permanece opaco para ellos. Las personas son transparentes ante el sistema, pero el sistema no es transparente ante las personas. Las vulneraciones de la privacidad no deberían interpretarse solamente como accidentes: son consecuencias previsibles de un modelo que necesita capturar cantidades crecientes de datos para conservar su ventaja competitiva.
12. LOS JARDINES AMURALLADOS: COMODIDAD A CAMBIO DE DEPENDENCIA
La necesidad de acumular datos exclusivos y retener la atención ha favorecido la creación de «jardines amurallados». En estos ecosistemas, una empresa controla el hardware, el sistema operativo, las aplicaciones, los datos, los algoritmos y los sistemas de pago.
Estos jardines ofrecen ventajas. La integración entre dispositivos y programas puede proporcionar una experiencia cómoda, estable y cuidada. Las tiendas de aplicaciones controladas reducen la presencia de programas maliciosos y facilitan la protección contra el fraude. Para los anunciantes, la existencia de una identidad persistente permite segmentar campañas y medir resultados.
Pero esas mismas ventajas generan dependencia. La empresa decide qué aplicaciones pueden distribuirse, qué contenidos son visibles y qué comisiones deben pagar los desarrolladores. Los anunciantes reciben métricas que no siempre pueden verificar independientemente. Los usuarios encuentran dificultades para trasladar sus compras, contactos, fotografías, conversaciones o historiales a otro servicio.
Esta cautividad, conocida como lock-in, reduce la libertad de elección. Una plataforma no necesita ofrecer siempre el mejor servicio si abandonarla implica perder años de vida digital. La competencia deja de depender únicamente de la calidad y pasa a depender de la dificultad de marcharse.
13. CORY DOCTOROW Y LA DECADENCIA DE LAS PLATAFORMAS
Cory Doctorow ha propuesto uno de los conceptos más expresivos para describir la degradación de los servicios digitales. Lo denomina enshittification, traducido literalmente como «mierdificación». En este artículo emplearemos preferentemente la expresión «decadencia de las plataformas», que conserva el significado sin convertir el término coloquial en protagonista del análisis (Doctorow, 2023a).
Doctorow no se limita a expresar descontento. Describe un ciclo económico dividido en tres fases.
En la primera, la plataforma seduce a los usuarios. Financiada frecuentemente por capital riesgo, puede operar con pérdidas. Ofrece un servicio limpio, cómodo, con poca publicidad y grandes ventajas. Su objetivo consiste en alcanzar una masa crítica y conseguir que los usuarios depositen en ella sus relaciones, contenidos e información.
En la segunda fase, una vez creada la cautividad, la plataforma comienza a extraer valor de los usuarios para favorecer a sus clientes comerciales. Aumenta la publicidad, altera los algoritmos y reduce la calidad de la experiencia. Los vendedores, anunciantes, editores y creadores reciben inicialmente ventajas extraordinarias y acaban dependiendo del servicio para llegar a su público.
En la tercera fase, tanto los usuarios como los proveedores comerciales están atrapados. Los primeros no quieren perder los contenidos y las relaciones; los segundos no pueden renunciar a la audiencia. La plataforma puede apropiarse entonces de una parte creciente del valor: aumenta las comisiones, reduce el alcance orgánico, obliga a pagar para obtener visibilidad y prioriza sus propios intereses.
El resultado es un servicio progresivamente peor para todos, excepto para la empresa que controla la intermediación. El contenido de calidad pierde visibilidad, aumenta la publicidad y la innovación se sustituye por la extracción de rentas. La decadencia no es un accidente estético, sino una consecuencia de la concentración de poder y de la ausencia de vías de salida (Doctorow, 2023b).
14. DEL SUEÑO DE INTERNET A LA HEGEMONÍA DE LAS PLATAFORMAS
La historia de internet muestra los límites tanto del optimismo ingenuo como del pesimismo absoluto. El determinismo tecnoutópico se equivocó al imaginar que la arquitectura de la red produciría por sí misma sociedades libres. El pesimismo también resulta insuficiente cuando presenta toda innovación como una degradación inevitable.
Como explicaron Postman y Morozov, ninguna tecnología actúa en el vacío. Cada una se incorpora a instituciones, mercados, culturas y relaciones de poder preexistentes. Puede ampliar la libertad o fortalecer la dominación; con frecuencia hace ambas cosas al mismo tiempo.
El ecosistema contemporáneo revela que la web abierta fue colonizada progresivamente por plataformas que privatizaron espacios de comunicación bajo la promesa de comodidad. Los efectos de red, la capacidad de recopilar datos y determinadas protecciones jurídicas consolidaron jardines amurallados de los que resulta difícil salir.
Sin embargo, internet conserva en su arquitectura y en su cultura técnica posibilidades de apertura, cooperación y descentralización. La cuestión decisiva ya no es si la red será libre por naturaleza, sino qué derechos, normas e instituciones serán necesarios para mantenerla abierta.
Este interrogante conduce al segundo artículo de la serie: el análisis de la cibersoberanía, la fragmentación geopolítica de internet y las alternativas regulatorias —interoperabilidad, portabilidad y derecho de salida— que pueden devolver capacidad de elección al ciuda
15. algunas fuentes
Barlow, J. P. (1996). A Declaration of the Independence of Cyberspace. Electronic Frontier Foundation. Fuente en línea
Barbrook, R., y Cameron, A. (1996). «The Californian Ideology». Science as Culture, 6(1), 44-72. Fuente en línea
Coase, R. H. (1937). «The Nature of the Firm». Economica, 4(16), 386-405. Fuente en línea
Doctorow, C. (2023a, 21 de enero). «TikTok’s enshittification». Pluralistic. Fuente en línea
Doctorow, C. (2023b). The Internet Con: How to Seize the Means of Computation. Verso.
Financial Conduct Authority (FCA). (2023). FS23/4: Potential competition impacts of Big Tech entry and expansion in retail financial services. Fuente en línea
Lanier, J. (2010). You Are Not a Gadget: A Manifesto. Alfred A. Knopf.
Lanier, J. (2013). Who Owns the Future? Simon & Schuster.
McLuhan, M. (1962). The Gutenberg Galaxy: The Making of Typographic Man. University of Toronto Press.
Morozov, E. (2011). The Net Delusion: The Dark Side of Internet Freedom. PublicAffairs.
Oxera. (2015). The Benefits of Online Platforms. Fuente en línea
Postman, N. (1992). Technopoly: The Surrender of Culture to Technology. Alfred A. Knopf.
Raymond, E. S. (1999). The Cathedral & the Bazaar: Musings on Linux and Open Source by an Accidental Revolutionary. O’Reilly Media. Fuente en línea
Stallman, R. M. (2002). Free Software, Free Society: Selected Essays of Richard M. Stallman. GNU Press.
Weizenbaum, J. (1976). Computer Power and Human Reason: From Judgment to Calculation. W. H. Freeman.
Williamson, O. E. (1975). Markets and Hierarchies: Analysis and Antitrust Implications. Free Press.
Zuboff, S. (2019). The Age of Surveillance Capitalism: The Fight for a Human Future at the New Frontier of Power. PublicAffairs.


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